“Expertos en” Ignorancia Nutricional

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Últimamente, muchos de los pacientes que vienen por primera vez a mi consulta me describen una situación que no por frecuente deja de ponerme los pelos de punta. Los pacientes a los que me refiero en este caso (aunque podría aplicarse a cualquiera) acuden con patologías digestivas y/o vasculares diagnosticadas recientemente. El médico especialista les entrega una hoja con la medicación que deben seguir. Cuando les preguntan al doctor (¿o debiera decir “oráculo”?) sobre la alimentación que deberían seguir, nos encontramos con varias opciones:

          A) El médico directamente, o el enfermero a petición del primero, imprimen lo que diga la primera entrada de google.

          B) El médico, que es un tipo listísimo y sabe de todo, recomienda tomar verdura, beber agua y evitar las grasas.

     C) Me han dicho, que hubo una ocasión en la que un médico reconoció que ésa no era su materia y que debía acudir a un nutricionista. Nunca más se supo de él.

Pero, ¿por qué no se considera habitual, frecuente y protoc0lario que el médico derive a un dietista-nutricionista para tratar la patología que sea desde el punto de vista de la alimentación? Vale, los D-N no están presentes en el Sistema Nacional de Salud, pero ello no excluye que se realice esa derivación, así como tampoco hay polideportivos en los hospitales y sí que se recomienda que se realice ejercicio físico. Claro, así no he podido evitar traer a colación este texto extraído de un libro escrito por algunos de mis antiguos profesores de Nutrición Humana y Dietética en la UCM. Se trata de Nutriguía: manual de nutrición clínica en atención primaria* que, a pesar de editarse por primera vez en el año 2000, su contenido sigue siendo tan actual como podéis leer:

“Una de las carencias más graves para combatir la ignorancia nutricional viene dada por la existencia de un número muy reducido de nutriólogos y dietistas poseedores de los conocimientos adecuados y de la habilidad y ocasión de transferirlos. Probablemente haya más periodistas y escritores que tratan temas de cocina y belleza que nutriólogos. Además, los primeros tienen muchas más posibilidades de contactar con el público.

Sin embargo, la nutrición es un tema tópico de conversación sobre el que cualquier persona media opina […].

La repercusión del tipo de dieta/estilo de vida en la salud es extremadamente compleja. Muchos destacados científicos han dedicado toda su carrera a profundizar en este tema, y, en general, cuantos más años han dedicado al estudio de la nutrición, más interrogantes y dudas se han planteado, llegando en general a establecer opiniones menos rígidas que las de las personas con conocimientos escasos.

Es necesario partir de la base de que la nutrición es una ciencia y que hay que estudiarla. Fiarse de las opiniones de un “experto” en función de sus cualidades como comunicador o por ser un personaje famoso es frecuente y comprensible, pero no se debería olvidar el tiempo que esa persona ha dedicado al estudio de la nutrición. ¿Basta leer un libro para ser experto en nutrición?, ¿un curso por correspondencia?, ¿2 ó 100 horas de estudio?, ¿basta con la propia experiencia?, ¿qué condiciones garantizan que una persona es realmente especialista en nutrición?

Con frecuencia, los problemas que exceden la competencia de un profesional son transferidos a otros, sin menoscabo de la persona que toma esta decisión. Algunos pacientes son enviados al neurólogo, traumatólogo, etc. No tiene por qué asumirse que la nutrición es algo básico y elemental que todo el mundo domina. Quizá los equipos multidisciplinares, tan útiles para cualquier paciente, deberían contar con un experto en nutrición con conocimientos reales en la materia.

Por otro lado, todo lo referente a la alimentación y la salud ha recibido muchísima atención a través de artículos de prensa, revistas y programas de televisión. Pero la información científica rigurosa es difícil de transmitir. De hecho, algunos periodistas honrados y bien intencionados han llegado a malinterpretar lo leído en un libro/declaración/informa de tal forma que acaban diciendo justo lo contrario en sus artículos, ya que no poseen unos conocimientos sólidos en el tema. Si a esto añadimos aquellos que se ganan la vida gracias a las noticias sensacionalistas, podíamos llegar a la conclusión de que nadie podía culpar al público por la confusión que siente”.

A la consulta de un dietista-nutricionista no se va sólo a perder peso. A la consulta de un D-N se va a ganar salud. Afortunadamente, mis pacientes hacen que me sienta orgullosa de mi profesión y dan sentido al esfuerzo diario por conseguir el reconocimiento que se merece.

*Nutriguía: manual de nutrición clínica en atención primaria. 
Ortega Anta, Rosa María; Requejo Marcos, Ana M. Ed Complutense, 2000.
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