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¿Sabemos lo que comemos?

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¿Sabemos lo que comemos¿

 

 

Si te interesa conocer las características de una alimentación saludable, cómo influye lo que comemos en nuestra salud, los peligros de seguir dietas desequilibradas y aprender a interpretar el etiquetado……… ¡te esperamos el 27 de febrero en el Ateneo de Badajoz!. La entrada es GRATUITA.

No pierdas la oportunidad de aprender a comer con cabeza y resolver todas aquellas dudas acerca de la alimentación, desterrando los mitos tan frecuentes en torno a la misma.

 

¿TE LO VAS A PERDER?

 

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NO, NO Y NO. El consumo de Leche NO aumenta la producción de Mocos

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Hoy toca tratar otro mito alimentario. Parece mentira que un alimento tan básico como la leche esté rodeado de tantísima polémica. Tanto aquellos que defienden su consumo como los que reniegan de su existencia, tienen infinidad de excusas, causas y explicaciones para hacerlo. Sería tan extenso hablar de todas ellas que hoy voy a centrarme en una cuestión que me pone los pelos de punta….. o de mala leche, que pega más.

Hace un mes acudí a unas Jornadas de Fibrosis Quística. Estaba orientada a fisioterapeutas y nutricionistas y me resultó terroríficamente curioso que entre los primeros estuviera tan extendida la creencia de que la ingesta de leche aumenta la producción de mucosidad. Es más, varios de ellos preguntaron con total naturalidad y dando por sentado (¡oh, dios mío!) el porqué de este hecho. Y no acaba ahí la cosa; resulta que reconocían recomendar a sus pacientes con fibrosis quística que evitaran el consumo de lácteos o, al menos, lo disminuyeran.

AAAAAAHHHHHH!!!!

 

No hace falta que cuente la reacción de los D-N allí reunidos……

Vayamos por partes.

En primer lugar, ¿por qué un fisioterapeuta da recomendaciones sobre alimentación y nutrición? A diario trabajo en un equipo multidisciplinar en el que, por supuesto, hay fisioterapeutas. Cada uno conoce perfectamente las funciones del otro y trabajamos juntos para complementarnos y mejorar la calidad asistencial, pero no para solaparnos y meternos en terrenos que desconocemos.

En segundo lugar, ¿de dónde se saca tantísima gente la afirmación y convencimiento de que los lácteos aumentan la mucosidad? A día de hoy, ningún estudio considerado fiable y significativo ha podido demostrar tal relación. ¿Por qué, entonces, en lugar de acudir a fuentes de información serias, nos creemos lo primero que leemos en foros, la cola del supermercado, revistas y páginas webs de dudosa credibilidad?

En tercer lugar, éste es otro ejemplo claro del profundo desconocimiento existente en torno a la nutrición, incluso entre otros profesionales sanitarios, a pesar de ser una materia de la que todo el mundo opina y cree tener conocimiento absoluto.

La conclusión la dejo de manos del Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (GREP-AEDN):

La poca bibliografía y los datos encontrados al respecto conducen a concluir que no existe relación entre el consumo de lácteos y la producción de mucosidad, siendo por lo tanto una creencia no justificada mediante pruebas científicas.

También podéis leer este artículo

II EDICIÓN DEL CARNAVAL DE NUTRICIÓN: MITOS NUTRICIONALES

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“Esta entrada participa en la 2ª edición del Carnaval de Nutrición”, que en esta ocasión se celebra en el blog de Alimmenta

Es la primera vez que participo, por lo que estoy encantada estrenando blog con esta entrada y publicando, además, en el Día Mundial de la Alimentación. Este año, el tema elegido ha sido el de “Mitos nutricionales”. ¡Cuánto me alegra!, pues nos brinda a los dietistas-nutricionistas una oportunidad más para desmentir y aclarar infinidad de supuestas afirmaciones que han llegado a serlo por el mero hecho de la cansina y constante repetición. Además, una característica parecen tener en común: cuanto más ilógico y absurdo parece su contenido, más se afianza y propaga cual apocalíptica epidemia.

Precisamente por la interminable lista de mitos existentes en una sociedad que, a juzgar por los hechos, parece estar cada vez más desinformada en cuanto a nutrición se refiere, voy a centrarme en esta ocasión en aquellas “máximas” relacionadas con una sustancia imprescindible e inocua pero que en ocasiones parece adquirir el cariz de “el hombre del saco”: el AGUA.

“Donde hay agua, hay vida”, dicen. Sin embargo, ¿cuántas veces hemos escuchado decir, a veces incluso de boca de profesionales sanitarios, aquello de…?:

*Beber agua en las comidas engorda

A ver. Si el agua aporta 0 calorías, ¿cómo es posible que si ingiero 0 calorías acompañando una comida, sea cual sea, su poder calórico se multiplique y alcance valores insospechados?

Pongamos un ejemplo:

1 vaso de agua = 0 calorías

1 donut = 170 calorías

1 vaso de agua + 1 donut = 170 calorías

*El agua debe beberse 2 horas antes o después de las comidas

¿Por qué? Es cierto que hay personas susceptibles en las que una cantidad alta de agua puede dificultar la digestión o crear sensación de “pesadez”, pero si nos centramos en la generalidad, acompañar una comida con agua no provoca ningún daño irreparable. Aun así, sé de algunos que preferirían morir atragantados antes que ceder al sencillo gesto de alcanzar un vaso de agua.

*Beber mucha agua adelgaza

¡Qué curioso! El malvado trago de agua que se convierte en hipercalórico cuando lo acompañamos de alimentos sólidos, pasa a ser un potente quemador de calorías por arte de birlibirloque. Jekyll y Hyde encerrados en 2 átomos de hidrógeno y 1 de oxígeno.

Pues ni una cosa ni la otra. El agua ayuda a eliminar toxinas, cierto. Si tomamos 2 vasos antes de comer nos va a provocar sensación de saciedad, pues también. Y es innegable su participación en múltiples procesos metabólicos. No está mal para tan sencilla molécula.

*Sólo hay que beber cuando se tiene sed, que el cuerpo es sabio

Piiiiiiiiiiiiiii. Error. Cuando aparece la sensación de sed, en nuestro organismo ya se ha producido una pérdida de agua (deshidratación)

*Hay que beber 2 litros de agua al día

Es importantísimo reparar las pérdidas de líquidos que se producen en nuestro organismo, por supuesto, y que son variables de una persona a otra (orina, sudor, heces, respiración…), pero convendría saber también que la recuperación de líquidos no sólo procede del agua, sino que también los alimentos la aportan (frutas, por ejemplo) y las infusiones, zumos y refrescos que tomamos a lo largo del día se incluyen en el cómputo total de la ingesta de líquidos.

Es importante tener en cuenta que existen patologías en las que la cantidad de líquidos de la dieta debe controlarse y pautarse escrupulosamente, así que no hagamos caso del primer consejo que escuchemos de aquellas personas que no son profesionales de la nutrición y la dietética.

Podría seguir hablando horas sobre nutrición, una materia que no sólo es mi devoción y vocación, sino que afortunadamente se ha convertido en mi profesión, pero voy a echar un trago de agua, que empiezo a tener sed y dentro de dos horas tengo que comer.