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Los dietistas-nutricionistas……¡SÍ, son SANITARIOS!

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Tras un tiempo de ausencia (el trabajo acumulado es el culpable) vuelvo a guardar cobijo entre estas cuatro paredes. Y vuelvo guerrera. Bueno, quizá ese espíritu luchador jamás me abandonó. Voy al lío.

Los dietistas-nutricionistas ya estamos acostumbrados, por desgracia, a escuchar todo tipo de barbaridades acerca de nuestra profesión. Sin embargo, eso no nos hace caer en la pereza y desgana del “dejarlo correr”, sino que, más si cabe, nos hace defender nuestro trabajo y dignificar una profesión SANITARIA legalmente reconocida como es la nuestra. Y al hilo de esto va la entrada de hoy.

“Formación práctica en aspectos éticos y médico-legales para profesionales sanitarios de atención primaria”.

Éste es el título del curso que realicé hace poco más de un mes. Así, a priori, uno puede pensar: “pues vaya rollo, tiene pinta de ser espesito”.

Vale, nadie dijo que fuera algo ameno e interesante, pero también es cierto que, como sanitaria, considero apropiado (e, incluso, un deber) intentar formarse en los temas que más nos gustan y en aquellos que nos gustan menos…..pero no por ello resultan menos útiles.

Decía que, como sanitaria … Pues bien. Aquí reside el motivo principal de la entrada.

El curso en cuestión comienza. Así, a las 16:00 h de la tarde (horario bueno donde los haya) y, a los 20 minutos, ya empieza a estropearse el asunto.

Primer tema a explicar: LEY DE ORDENACIÓN DE LAS PROFESIONES SANITARIAS (Ley 44/2003)

M.C.B (Iba a escribir su nombre al completo, pero como el propósito de la entrada no es desprestigiar a este señor, sino denunciar una situación tan penosamente corriente, usaré sus iniciales) pregunta a los allí presentes cuáles son las profesiones que se consideran sanitarias. Por supuesto, todos, al unísono, responden: médicos y enfermeros. Algún “atrevido” nombra a los fisioterapeutas y podólogos. Silencio.

-Dietista-Nutricionista – añado.

-¿Dietista-Nutricionista? “Eso” es formación profesional, no titulación universitaria.

-Perdóneme, pero “eso” a lo que usted se refiere es un profesional sanitario, y conozco las leyes que atañen a mi profesión. Y sí, es una titulación universitaria.

-Pero “eso” será una “sub-rama” de “algo”… – me encanta el vocabulario utilizado; tan indefinido….

-No es ninguna sub-rama. Es título propio – la pierna en modo tembleque; vano intento por controlar la indignación

-¿Dónde se estudia? No en la facultad de Medicina

-Pues se estudia en la universidad. Y sí, en la facultad de Medicina es donde lo hice. A no ser que haya sufrido una abducción durante tres años de mi vida, aunque con esta conversación que estamos manteniendo, una ya duda de todo.

-Bueno, pasemos a la siguiente ley.

-¿Cómo? Por favor, consulten la ley esta noche en sus casas. Ya, que cada uno saque sus propias conclusiones – les sugiero a los asistentes. Aunque, claro – prosigo- no me extraña que la Sanidad esté como está…. ¡Ah!, y también quería comentar algo más. Todo lo que sé de Deontología lo aprendí en la Diplomatura de Nutrición Humana y Dietética, ahora Grado, en la que contábamos con una asignatura cuatrimestral en la que se abordaba este tema. La formación en esta materia que recibí en Enfermería se ciñó a un tema en una asignatura, porque en la que realmente teníamos que abordarla, el profesor se pasó el curso hablando de política. Y sí, estudié Enfermería en la Universidad de Extremadura, de la que tú eres coordinador de no sé cuantísimas asignaturas.

Por supuesto, ese día llegué encolerizada, una vez más, a casa. Y, por supuesto, al día siguiente, no hubo ninguna aclaración ni disculpa al respecto.

¿Por qué escribo esta entrada?

Seguramente, uno de los motivos sea desahogarme. Pero si al menos consigo que una sola persona de las que lea este post “descubra” que la figura del D-N es la de un profesional sanitario legalmente reconocido, habrá merecido la pena. Y digo legalmente porque está visto que en nuestra sociedad, e incluso dentro del mismísimo ámbito sanitario, la generalidad sigue creyendo que la opinión del médico está por encima de la de cualquier otro sanitario (sin importar especialidad, formación….qué más da!!!), que al nutricionista sólo se va a adelgazar y que el endocrino es el “experto” en nutrición.

P.D.: Agrego una “anécdota” que me ocurrió hace unos días en consulta. Un claro ejemplo muy a colación de esta estrada. Una paciente, con hipocalcemia tras una tiroidectomía realizada hace tres años, en tratamiento y seguimiento por endocrino y médico de cabecera, me comenta que, éste último, le ha dicho que un dietista-nutricionista no está “capacitado” para su tratamiento dietético. ¿Dónde ha quedado la imagen idílica de equipo multidisciplinar con el que tanto se les llena la boca a algunos?

Me ataco.

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“Expertos en” Ignorancia Nutricional

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Últimamente, muchos de los pacientes que vienen por primera vez a mi consulta me describen una situación que no por frecuente deja de ponerme los pelos de punta. Los pacientes a los que me refiero en este caso (aunque podría aplicarse a cualquiera) acuden con patologías digestivas y/o vasculares diagnosticadas recientemente. El médico especialista les entrega una hoja con la medicación que deben seguir. Cuando les preguntan al doctor (¿o debiera decir “oráculo”?) sobre la alimentación que deberían seguir, nos encontramos con varias opciones:

          A) El médico directamente, o el enfermero a petición del primero, imprimen lo que diga la primera entrada de google.

          B) El médico, que es un tipo listísimo y sabe de todo, recomienda tomar verdura, beber agua y evitar las grasas.

     C) Me han dicho, que hubo una ocasión en la que un médico reconoció que ésa no era su materia y que debía acudir a un nutricionista. Nunca más se supo de él.

Pero, ¿por qué no se considera habitual, frecuente y protoc0lario que el médico derive a un dietista-nutricionista para tratar la patología que sea desde el punto de vista de la alimentación? Vale, los D-N no están presentes en el Sistema Nacional de Salud, pero ello no excluye que se realice esa derivación, así como tampoco hay polideportivos en los hospitales y sí que se recomienda que se realice ejercicio físico. Claro, así no he podido evitar traer a colación este texto extraído de un libro escrito por algunos de mis antiguos profesores de Nutrición Humana y Dietética en la UCM. Se trata de Nutriguía: manual de nutrición clínica en atención primaria* que, a pesar de editarse por primera vez en el año 2000, su contenido sigue siendo tan actual como podéis leer:

“Una de las carencias más graves para combatir la ignorancia nutricional viene dada por la existencia de un número muy reducido de nutriólogos y dietistas poseedores de los conocimientos adecuados y de la habilidad y ocasión de transferirlos. Probablemente haya más periodistas y escritores que tratan temas de cocina y belleza que nutriólogos. Además, los primeros tienen muchas más posibilidades de contactar con el público.

Sin embargo, la nutrición es un tema tópico de conversación sobre el que cualquier persona media opina […].

La repercusión del tipo de dieta/estilo de vida en la salud es extremadamente compleja. Muchos destacados científicos han dedicado toda su carrera a profundizar en este tema, y, en general, cuantos más años han dedicado al estudio de la nutrición, más interrogantes y dudas se han planteado, llegando en general a establecer opiniones menos rígidas que las de las personas con conocimientos escasos.

Es necesario partir de la base de que la nutrición es una ciencia y que hay que estudiarla. Fiarse de las opiniones de un “experto” en función de sus cualidades como comunicador o por ser un personaje famoso es frecuente y comprensible, pero no se debería olvidar el tiempo que esa persona ha dedicado al estudio de la nutrición. ¿Basta leer un libro para ser experto en nutrición?, ¿un curso por correspondencia?, ¿2 ó 100 horas de estudio?, ¿basta con la propia experiencia?, ¿qué condiciones garantizan que una persona es realmente especialista en nutrición?

Con frecuencia, los problemas que exceden la competencia de un profesional son transferidos a otros, sin menoscabo de la persona que toma esta decisión. Algunos pacientes son enviados al neurólogo, traumatólogo, etc. No tiene por qué asumirse que la nutrición es algo básico y elemental que todo el mundo domina. Quizá los equipos multidisciplinares, tan útiles para cualquier paciente, deberían contar con un experto en nutrición con conocimientos reales en la materia.

Por otro lado, todo lo referente a la alimentación y la salud ha recibido muchísima atención a través de artículos de prensa, revistas y programas de televisión. Pero la información científica rigurosa es difícil de transmitir. De hecho, algunos periodistas honrados y bien intencionados han llegado a malinterpretar lo leído en un libro/declaración/informa de tal forma que acaban diciendo justo lo contrario en sus artículos, ya que no poseen unos conocimientos sólidos en el tema. Si a esto añadimos aquellos que se ganan la vida gracias a las noticias sensacionalistas, podíamos llegar a la conclusión de que nadie podía culpar al público por la confusión que siente”.

A la consulta de un dietista-nutricionista no se va sólo a perder peso. A la consulta de un D-N se va a ganar salud. Afortunadamente, mis pacientes hacen que me sienta orgullosa de mi profesión y dan sentido al esfuerzo diario por conseguir el reconocimiento que se merece.

*Nutriguía: manual de nutrición clínica en atención primaria. 
Ortega Anta, Rosa María; Requejo Marcos, Ana M. Ed Complutense, 2000.

Los nutricionistas y los seguros de asistencia sanitaria: choque de culturas

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Hace unos días mantuve una conversación telefónica con el Director Médico de un seguro de asistencia sanitaria para informarme de las condiciones y requisitos para formar parte del cuadro de asistencia sanitaria del mismo. En un primer momento no hubo ninguna pega por su parte al comentarle que era nutricionista, así que hoy acudí a las oficinas de esta empresa con mi documentación bajo el brazo.

Cuando me presento y entrego todo el papeleo como si de la compra de un piso se tratara, el Director me dice que creía que era endocrina y que, al no ser así, no podía entrar en el cuadro porque “ellos no llevan temas estéticos”. Es curioso, porque en ningún momento de la conversación telefónica yo le comenté que fuera endocrina, por lo que tal asociación ya me demostraba que el caballero que tenía en frente no tenía ni la mismísima idea de que el dietista-nutricionista es un profesional sanitario y que endocrinología y nutrición no son sinónimos. Eso por un lado, pero que me soltara que la nutrición sólo se dedica a la estética, ya remató la faena. He de decir que no es la única aseguradora que no cubre esta especialidad, pero en ninguna me respondieron de manera tan despectiva. Está claro que la ignorancia es muy atrevida.

Los que me conocen ya sabrán que no pude mantenerme callada y le solté la retahíla de leyes, definiciones varias y alguna que otra opinión personal. Otra cosa no, pero relajada sí que me he quedado.

Para el que pueda interesarle, podéis leer  una declaración de postura de la AEDN sobre la incorporación del D-N en el SNS (aquí)

Queridos colegas D-N, sé que esta situación es muy frecuente en nuestra profesión, lamentablemente, pero estoy convencida de que con el tesón y el trabajo de todos, conseguiremos el reconocimiento que se merece.